«Weretilneck volvió a legitimar su liderazgo y su imagen a través del voto popular»

Juntos ganaron, solos perdieron
Prácticamente con la misma cantidad de votos que en 2015 el oficialismo se impuso en éstas elecciones ¿sorpresa? No del todo. El oficialismo siempre corre con ventaja, pero el apellido Soria sobrevolaba como un fantasma al que muchos temían, pero ya no. Mientras tanto Cambiemos salvó la ropa metiendo un legislador, pero su futuro no es alentador.
El partido liderado por Alberto Weretilneck logró con este resultado afianzar su sello propio en la provincia, despejando cualquier tipo de duda sobre la capacidad política de su mesa chica. Pragmatismo y unidad, esa fue la base de su consolidación como espacio político.
Como en su gestión de gobierno, supieron formar alianzas estratégicas temporales, adaptándose a la coyuntura sin arrugar la nariz. Las especies que se adaptan a los cambios en el medioambiente son las que sobreviven y Juntos tiene a grandes darwinistas en sus filas.
Supo sobrellevar el kirchnerismo y el macrismo haciendo política, dando para recibir, despegándose a tiempo y en buenos términos. Diálogo y respeto, uno de los lemas de su campaña. Así, JSRN le hizo honor a su nombre. En el oficialismo conviven desde ex estrategas de la UCR provincial hasta peronistas excluidos del FPV. La grieta tiene cansado a parte del electorado y supieron capitalizar eso. Paz y previsibilidad, la otra parte de su discurso.
Además, el oficialismo también corría con las ventajas propias del poder. Con una gestión activa, a base de obras públicas del Plan Castello y un recorrido provincial inédito para un gobernador, forjaron una imagen, “en cada lugar, siempre”. La condescendencia mediática, sostenida al rigor de la pauta oficial, ayudó a fortalecer esa idea. Hoy por más complicado que sea su apellido, todos los rionegrinos saben quién es Weretilneck. Sumado a esto, el “aparato” del Estado se utilizó con experticia, ahí esos estrategas con muchas elecciones encima fueron fundamentales. Millones en publicidad y “ayuda social” en los últimos meses
para liquidar el partido.
En cuanto al FPV, hizo casi todo lo contrario. Sostenidos en un personalismo excesivo, su estrategia no funcionó. La confianza en la “marca” Soria, el sello de FPV y la fórmula, le resultó nocivo para sus aspiraciones. Durante los últimos años el sorismo gravó su estilo de liderazgo caudillista en el PJ. Impuso candidatos propios en cada ciudad que pudo, apelando más a la lealtad que a su capacidad política. Destruyó para construir encima, alejando militantes y referentes históricos. En esa depuración, perdió también una importante militancia de base, fundamental para el peronismo que tanto enaltecen.  Muchos del equipo azul pasaron al verde, otros no, pero tampoco acompañaron por sentirse relegados.
De la misma manera, supo perder aliados como ganar enemigos. El sorismo se enfrentó a medios de comunicación y periodistas por creerlos cercanos al oficialismo. Error grave para un opositor con aspiraciones de gobernar y sin la capacidad propagandística de sus
rivales. Confrontó al macrismo, pero no logró ligarlo a JSRN. Perdió terreno en su propio territorio, por la imposición por sobre el consenso. Se opuso a los intereses de empresas poderosas, que apoyaron fuertemente sus contrincantes y no pudo capitalizarlo en votos.
Quiso mantener distancia del kirchnerismo y no convenció a unos ni a otros. Hace años Martín Soria era el candidato, pero su despliegue en el territorio provincial fue demasiado tardío. No tuvo la capacidad de fortalecer los vínculos territoriales.
Por su parte, Cambiemos salvó la ropa, arañando. Logró mantener un representante en la legislatura, pero su performance fue pésima si consideramos que es oficialismo a nivel nacional. Por supuesto, la imagen de Mauricio Macri en Río Negro es muy mala y eso no los
favorece. Con mucha liviandad Lorena Matzen buscó despegarse del presidente con una idea de “cambiemos a la rionegrina”, pero no fue suficiente. Apelaron al estilo de campaña nacional, mucho color y publicidad. También a una fórmula integrada por mujeres, pero no alcanzó siquiera para llegar al 6%. El panorama a futuro no es alentador y la elección dejó fisuras, como el acercamiento del concejal barilochense Daniel Gónzalez a JSRN. Cómo él, algunos empiezan a buscar nuevos horizontes.
Por último, los partidos de izquierda volvieron a demostrar que el sectarismo, el individualismo y la falta de consensos son más fuertes que su capacidad de construcción política. Entre las tres opciones juntaron casi la misma cantidad de votos que Cambiemos, pero
por separado no consiguieron poner a ningún representante en la legislatura, como tampoco lo hizo el PUL.
Estas elecciones, como todas, dejan lazos fortalecidos por un lado y heridas por otro.

Weretilneck volvió a legitimar su liderazgo y su imagen a través del voto popular. Mientras tanto Martín Soria deberá aprender de los errores si quiere constituirse como alternativa nuevamente. Cuando un general pierde, los tenientes se relamen, Doñate y Larraburu ya empezaron a mostrar los dientes. Por su parte, la suerte de Cambiemos parece estar atada a la de Mauricio Macri, al menos por ahora.

Rubén Lagras – Profesor de Historia. Periodista
DNI 33.387.137

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