Rodrigo «TATI» Telechea comenzó con la travesia de unirá Dina Huapi con Chimpay

Rodrigo Telechea unirá Dina Huapi con Chimpay en una travesía que lleva un mensaje de paz. Hace cuatro años cumple con el deseo de su abuelo que no pudo completar ese propósito.

Rodrigo es un hombre de palabra. Este miércoles tomó su mochila, juntó algunas cosas, y se dispuso a caminar hacia la ruta 23 para cumplir con una promesa que lo llevará a completar una travesía de 800 kilómetros partiendo desde Dina Huapi.

“Es en memoria de mi abuelo, quien era devoto de Ceferino”, comentó acerca de un deseo que el hombre pensaba completar a caballo. Pero esta no es la primera vez que Rodrigo asume un compromiso semejante porque, a través de distintos caminos, logró llegar a Chimpay en tres ocasiones: en bicicleta en dos oportunidades y el año pasado caminando pero desde Los Menucos, su pueblo natal.

El itinerario fue pensado con detenimiento. Buscará unir gran parte de la ruta 23 y conectar a los pueblos de la Línea Sur hasta Valcheta. Luego tomará por la ruta provincial 4, cruzará el Desierto del Gualicho para llegar al Valle Medio. En total serán 18 días de caminata para estar frente a Ceferino Namuncurá el sábado 27 de agosto.

El lema de esta caminata será un pedido de paz para la humanidad. Ese es el mensaje que intentará llevar a cada poblador que se cruce en su camino, aun cuando sabe que el clima de la Línea Sur lo recibirá con bajas temperaturas y fuertes ráfagas de viento. Solo tendrá tres paradas para descansar: Jacobacci, Los Menucos y Valcheta.

Su única compañía en todo ese tiempo será una pequeña radio y algunos entretenimientos que se le ocurren en pleno camino: repasar su agenda, los horarios de alimentación, cambiar las cosas que lleva en sus bolsillos y escuchar a su cuerpo.

“Sabiendo que camino sobre asfalto, armo un plan de entretenimiento de 10 o 15 minutos”, describe sobre una técnica que lo lleva de una banquina a otra o a buscar el mejor lugar para caminar sobre las curvas para que el desnivel no afecte a su cadera.

Rodrigo no espera grandes recibimientos en cada lugar, pero se trata de algo que se impone para luego celebrar cada encuentro, cada saludo o palabra de aliento que le harán llegar.

A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, esta vez llevará consigo su teléfono celular para “fotear” un poco más y un cuaderno para dejar anotado cada detalle, donde seguro habrá lugar para enviar un saludo al cielo en homenaje al hombre que lo alentó a nunca bajar los brazos.

Gentileza: Bariloche 2000

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