Premian proyecto de adaptación de agricultores familiares al cambio climático

El proyecto «Seguridad alimentaria en productores familiares de Patagonia argentina: uso de recursos genéticos locales y adaptación al cambio climático» obtuvo el premio principal del Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria (Fontagro) en la categoría «Organizaciones Nacionales de Investigación y Desarrollo y Universidades». El reconocimiento de Fontagro destaca la experiencia innovadora impulsada por investigadores del INTA y técnicos del Ministerio de Agroindustria frente al desafío de mitigar los perjuicios ocasionados por el cambio climático para  asegurar el alimento para las familias productoras de la zona.

Investigadores del IPAF Región Patagonia, la EEA Bariloche y la Secretaria de Agricultura Familiar de Río Negro, ejecutaron  el proyecto de reintroducción de cabras criollas de Neuquén en la Línea Sur de Río Negro, plan que tuvo como objetivo mitigar los perjuicios ocasionados por el cambio climático y asegurar el alimento para las familias productoras de la zona.

El premio recibido de US$ 15.000 se utilizará para el fortalecimiento de la capacidad institucional de las instituciones ganadoras, con el foco puesto en incidencia en la adaptación al cambio climático de la agricultura familiar.

«Es un reconocimiento a la fortaleza del trabajo articulado por un conjunto de instituciones donde cada uno aporta desde su especialidad para intentar resolver un problema», destacó el ingeniero agrónomo premiado Marcelo Pérez Centeno, director del Instituto de Investigación y Desarrollo para la Agricultura familiar de Patagonia, al referirse al trabajo conjunto realizado con la Red de Recursos Genéticos del INTA y la Secretaría de Agricultura familiar de Río Negro.

El proyecto premiado buscó una alternativa de adaptación de la agricultura familiar de la zona frente a varios años de sequía y los perjuicios de la explosión del volcán Puyehue en 2011. Desde los años ’80, los productores familiares del sur de la provincia de Río Negro han visto diezmadas sus majadas de ovejas Merino y cabras de Angora.  Las catástrofes climáticas y naturales pusieron a  las familias de productores y a toda la región en emergencia productiva y alimentaria, como consecuencia de la mortalidad sufrida por estas razas superando el 60 % del stock animal de la región.

Frente a esta situación de emergencia, trabajadores de la secretaria de agricultura familiar, Pablo Losardo y Alejandro Fornasa,  en conjunto con productores de la zona de Comallo (municipio) y Jacobacci (cooperativa ganadera indígena), ponen la mirada en la cabra criolla del norte neuquino; como alternativa para el repoblamiento. Los datos de técnicos del  INTA – María Rosa Lanari y Marcelo Pérez Centeno, que habían estudiado y caracterizando a las chivas criollas neuquinas, desde los años ’90 en el norte de Neuquén y también bajo la ceniza en 2011, mostraban claramente que la rusticidad y alta prolificidad de estas cabras, las hacían una herramienta de repoblamiento y diversificación más que interesante. Esto coincidía con datos de 2 productores de Jacobacci que tenían algunas de estas cabras y las vieron comportarse en la situación de ceniza y sequía. El proyecto puso el foco entonces en re-introducir a la cabra criolla en Río Negro intentando garantizar el alimento de las familias de la zona , algún ingreso por venta de carne y sostener el arraigo campesino en la zona.

 

La re inserción de los ejemplares criollos contó con el financiamiento del Ministerio de Trabajo y del Ministerio de desarrollo social de la Nación. Cada familia afectada recibió un núcleo de 29 madres más un reproductor macho. Al cabo de tres años de la vuelta de estos genotipos locales, los animales manifestaron su adaptación al ambiente, registrando pariciones y destetes superiores al 110 %, en comparación de las ovejas Merino y de las cabras de Angora.

«Esta adaptación les permitió a las familias asegurar su abastecimiento de proteínas, y recomponer en forma significativa la producción ganadera de la región»- explica Pérez Centeno, Director del Instituto de Investigación y Desarrollo para la Agricultura familiar de Patagonia,

«Se destaca del trabajo realizado, la valoración de los recursos genéticos locales y la posibilidad de rescatar la experiencia que las comunidades han construido con ellos a lo largo de generaciones», señala Centeno.

La cabra criolla  fue  caracterizada y reconocida como un recurso genético local por la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación, FAO, en el año 2003. Este trabajo permitió que la misma esté inscripta como raza local. Su  especial adaptación a la región es la consecuencia de los diversos aportes raciales, la selección natural y la selección dirigida por los crianceros del norte neuquino

El 17 de mayo en la entrega de los premios se presentará la publicación de las experiencias destacadas por Fontagro que permitirá difundir estas ricas experiencias a investigadores, extensionistas, especialistas agrícolas y funcionarios para fomentar la innovación frente al cambio climático.

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