«Las cosas que pasan en mi País dan una cierta vergüenza» por Jorge Castañeda

ORACIÓN POR LOS HOMBRES Y MUJERES DE MI PATRIA

Señor:

Te pido por los políticos y por los dirigentes de nuestra Patria. ¿Qué les pasa?  ¿Se han olvidado de tus enseñanzas?  ¿Han tomado en vano tu Nombre al jurar por los Santos Evangelios?

 

Perdónales, Señor, aunque sepan bien que están haciendo. Cambia sus corazones. Corrige sus errores. Saca tu vara de Justicia.

 

Recuérdanos a los cristianos que debemos en estos tiempos aciagos recuperar la voz profética de la iglesia, que es Tu palabra. Para que de luz, para que advierta, para que marque un camino.

 

Por nosotros, tu remanente, te pido, porque nos has enviado como “corderos en medio de lobos”. Tú que eres el “Príncipe de Paz” pacifica los corazones de tus hijos. Haz reflexionar al violento. Ese que se masifica en un estadio de deportes, ese que piensa que la política es un campo de batalla, ese que cuando conduce se transforma en una bestia, ese que golpea, que agravia, que insulta, que miente, que delinque, que roba.

 

Te pido por los jueces y en especial por algunos de ellos que “han abrazado la corrupción como una causa nacional”. A los otros dales sabiduría para que fallen con la mayor justicia.

 

Te pido por los indolentes, por los indiferentes, para que despiertes sus corazones y los sacudas del sopor en que viven. Por los injustos. Por los venales, por los violentos.

 

Te ruego, Señor, por los soberbios, por los enaltecidos, por los poderosos. Recuérdales que todo poder viene de Ti y que son efímeros y pasajeros en esta vida.

 

Por los que ostentan sus riquezas con arrogancia ante los demás, por los impúdicos de toda impudicia, por los agitadores de pasiones, por los hacedores de maldad.

 

Perdónales, Señor. Y que tu mano de amor y de misericordia los toque, porque se tienen que arrepentir de sus iniquidades y volver la mirada hacia Ti.

 

Te pido, Señor, que cobijes como la “gallina a sus polluelos, a este pequeño remanente que todavía tiene dignidad y  vive bajo tus preceptos, porque son los bienaventurados, los que guardando Tu palabra son “como las vírgenes prudentes esperando la llegada del esposo en la noche de los argentinos”.

 

Te ruego, Señor, que nos ayudes a encender “una vela en la oscuridad”. Que los cristianos seamos como la “sal de la tierra”.

 

Pacifica los corazones de los hijos de mi Patria y estaremos confiados en Ti y vuevle a decirnos como antes: “No temáis, rebaño pequeño”. El Reino está cerca y los malos no entrarán en él.

 

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

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