Jairo Rayman se despidió de su gente con un contundente nocaut

Jairo Rayman se despidió de Bariloche y de la Región Sur con una contundente victoria por nocaut a los dos minutos exactos de la segunda vuelta sobre José Carlos Flores Choque.

Las diferencias entre uno y otro fueron abismales, por mérito del ganador y por limitaciones del visitante. Rayman viajará a fin de mes rumbo a Las Vegas para sumarse al equipo de Carlos Tapia, con la mira puesta a ingresar en el Floyd MayweatherTeam, nada menos.

Él deseaba despedirse de Bariloche y de sus raíces en Clemente Onelli así. Con una victoria contundente, con el ring lleno de sobrinas, sobrinos, tíos, tías, amigos de toda la vida, con su mamá, levantando un cartel hecho a mano desde las primeras filas que decía “Maki te amo, hijo. Mamá”. Era su sueño. Y, en la noche viernes, casi madrugada del sábado, se le cumplió. Porque Jairo Rayman llevó a cabo el “trámite” llamado Juan Carlos Flores Choque. Lo puso nocaut a los dos minutos del segundo round, sin dejar dudas.

¿Que el rival no estaba a su altura? ¿Que, ya viendo los físicos, cualquier desprevenido se daba cuenta de la enorme diferencia? ¿Que casi no tuvo oposición? Sí. Todo es verdad, pero eso a “Maki” y su familia no les interesó nada. El pibe que no se olvida de ellos y que quería, antes de viajar a Las Vegas, hoy por hoy, la meca del boxeo, darles un abrazo, un beso y sacarse “mil” fotos con todos vio su sueño cumplido.

La pelea fue un trámite. De entrada nomás, Rayman, ya bien metido en la categoría mediano, fue el dueño de las acciones pues su jab de izquierda, en la mayoría de la veces transformado en recto por la potencia de esa mano, abría el camino y, en algunas ocasiones, atrás llegaba la izquierda al hígado o tirada en cross de perfecto recorrido que encontraba la cabeza del voluntarioso boliviano. Pero, Flores Choque tenía un plan y, pese a perder la vuelta, lo cumplió. No era ambicioso pero apostaba a una mano tratando de acortar distancia, tirándose encima del oriundo de Clemente Onelli. Con saltitos poco ortodoxos y la cabeza como ariete. Así logró que Maki marre más de lo esperado.

Pero, desde el rincón, vieron lo que pasaba. Rayman les hizo caso para cambiar las cosas y la pelea duró apenas dos minutos más. Es que salió a realizar un plan de pelea muy similar, pero con una variante que le simplificó todo. La mano en punta con un constante repiqueteo, un paso a los costados para que Flores Choque pase de largo cual toro ante un torero, y ahí las derechas llegaron claras, contundentes y haciendo daño. A tal punto que una de esas combinaciones mandó, por segunda vez, a la lona a su rival y el árbitro llegó a diez con el conteo, a pesar de que, desde el rincón del visitante, habían arrojado la toalla.

En suma, Rayman hizo lo que todos esperaban, lo que tenía que hacer, antes de intentar cumplir con “su” sueño americano. Ganar por nocaut y celebrar con los suyos.

 

 

gentileza. el cordillerano

 

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