Emotiva suelta de cóndores juveniles en Sierra Pailemán. Por Carlos Espinosa

Fue emotiva y tuvo características sorprendentes la suelta de seis ejemplares juveniles de cóndores, realizada este viernes en el paraje Sierra Pailemán, en la región sudoeste de la provincia de Río Negro, sobre el borde de la Meseta de Somuncurá, a 310 kilómetros  de Viedma.

La actividad, organizada por la Fundación Bioandina Argentina y el Programa de Conservación de Cóndor Andino (PCCA), concitó gran interés de representantes de comunidades mapuches, estudiantes rionegrinos de los niveles primario y secundario, aficionados a los temas de la biología y público en general.  Los responsables de la suelta estimaron que la concurrencia alcanzó a las 2.000 personas.

En esta oportunidad se conmemoró el cercano 16º aniversario de la primera suelta efectuada por el Programa, ocurrida en los primeros días de diciembre del 2003, en el mismo sitio.

Este cronista, que asistió a la primera liberación, recordaba que aquella vez hubo una celebración mapuche, saludando la vuelta de los cóndores  al cielo y pidiendo por la paz entre todos los hombres, presidida por los lonkos Manuel Cayú y Jacinto Cañufil.

Ahora, 16 años después, la oración mapuche estuvo encabezada por la lamngen Vilma Cayú (hija de don Manuel, fallecido hace un tiempo) y el lonko Ignacio Prafil.

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El homenaje a la figura de Manuel Cayú fue promovido por la lamngen María Eva Cayú, referente de comunidades mapuches de Viedma, quien le relató a este cronista que “hace algunos meses recibí un mandato, como una revelación, diciendo que esta suelta de seis cóndores debía hacerse un día seis, teniendo en cuenta que el número seis en mapudugun se llamakayú”.

Con toda esta enorme carga de significados, en el marco del respetuoso y comprometido silencio de la multitud reunida al pie de la sierra, se elevaron los mensajes de buenos augurios, recomendaciones por el cuidado de la ÑuqueMapu y el pedido de nehuén (fuerza, energía) a los propios manque (cóndores).

El momento siguiente fue cuando una treintena de niños y jóvenes, acompañados por guías, subieron a lo más alto de la peña y desde allí, junto al refugio donde los cóndores esperaban la libertad, soltaron al viento una gran cantidad de plumas del ave gigante de los cielos americanos.

Poco después empezaron a sonar las trutrukas (instrumento de viento con un cuerno en la salida del aire) y los kultrunes (pequeño tambor de mano) para otorgarle mayor solemnidad al momento que todos esperaban, alzando las miradas a la serranía.

Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado, mágico y sorprendente. Un ejemplar adulto de cóndor, fácilmente identificable por su tamaño, las plumas blancas sobre la parte externa de las alas y el collar del mismo color, apareció de pronto en el cielo y comenzó a revolotear por arriba del refugio de los juveniles. Tras hacer una especie de vuelo de reconocimiento del sitio el enorme cóndor se posó sobre una roca y, sencillamente, se puso a esperar.

Unos minutos más tarde se abrieron las compuertas de la casilla de madera y lentamente empezaron a aparecer los seis cóndores liberados, moviéndose con sigilo y algo de comprensible temor ante la libertad, dado que casi todos ellos han nacido y se criaron dos años en cautiverio, sin tener información previa sobre el hábitat natural que les corresponde.

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Primero uno, después otro, las jóvenes y majestuosas aves se largaron al vuelo. En algún momento el ejemplar adulto se alejó de las miradas de los espectadores. Nadie sabía el contenido de la maravillosa historia absolutamente natural que acababa de transcurrir en los cielos de Sierra Pailemán.

Luis Jácome, director del  Programa de Conservación de Cóndor Andino, le explicó a este cronista que “lo que ocurrió fue totalmente inesperado, pero confirma que estos animales están aclimatados y se encuentran muy a gusto en estos lugares, ese adulto que apareció de pronto es una hembra y podemos saber que es la ejemplar llamada Wichi que formó parte de la primera suelta, en el 2003. Esta hembra tuvo una cría, que hace unos meses se cayó del nido y se quebró una pata. Nosotros la rescatamos, la llevamos a nuestro EcoParque, la curamos le pusimos de nombre Paqarina y la trajimos de vuelta. O sea que Wichi sabía que su hija estaba en el refugio y hoy vino a buscarla”.

“Estas son las enseñanzas que nos concede la naturaleza, este fue el regalo que tuvimos hoy, con la suelta más numerosa en cantidad de juveniles liberados que se haya registrado hasta ahora en todo el mundo y con este maravilloso marco de gente, la mayor concurrencia a un acto de este tipo” completó el especialista, con enorme orgullo y satisfacción al subrayar que  “ya hemos liberado 57 cóndores en los cielos de Río Negro”.

Además de Paqarina ((Generadora de Vida quiere decir su nombre) nacida en Sierra Paileman,  cuya accidentada historia ya se contó, también fue liberado otro cóndor joven eclosionado en suelo rionegrino: Ñorquinquera (Sonido de Agua) una pichona que apenas sabía alimentarse yprecisamente fue encontrada en Ñorquincó.

Otros casos de liberación fueron los deKarut (Trueno) un pichón nacido en Ecoparque, de Buenos Aires, el único incubado artificialmente y criado con asistencia de títeres de látex simulando al padre y la madre; Takiyiwe (Libertad) que es el primer pichón del Parque Faunístico San Juan; Suyan (Esperanza) que nació en el Parque Faunístico y Ecológico Yastay de La Rioja; y  Amancay (Flor) que viene del zoológico de Temaiken.

Con este conmovedor bagaje de historias escuchadas , y percepciones directas de la observación de la vida en el marco de la naturaleza patagónica, fue ameno y liviano el regreso de la larga caminata, de más de tres kilómetros de huella entre la base del cerro y la casa de la familia Botana, quedesde hace 16 años cede el sitio para las liberaciones.

Allí abajo, en el puesto, nos estaban esperando con chorizos y pollo a la parrilla, tortas fritas y bebidas frescas, contentos por tantas visitas y, por cierto, logrando una modesta recompensa material a cambio de tanto barullo poco habitual.

Era sorprendente el espectáculo de la improvisada playa de estacionamiento, con micros,  camionetas y autos de todo tipo.

El clima acompañó durante toda la jornada, con cielo cubierto y una temperatura que no bajó de los seis grados. El camino de tierra de acceso desde la ruta nacional 23, antes de llegar a la localidad de Aguada Cecilio (yendo desde la ruta 3) se encontraba en perfecto estado en todo su recorrido (36 kilómetros hasta el paraje Sierra Pailemán y otros 25 hasta lo de Botana) ,gracias a la labor de maquinarias y personal de Vialidad de Río Negro.  Una serie de carteles, colocados por el equipo del Programa Cóndor, aseguraba llegar perfectamente orientados.

La foto que ilustra esta nota, del ejemplar hembra adulto Wichi, fue tomada de la página del Ente de Desarrollo de la Línea Sur.

*Periodista, escritor e historiador de Viedma.

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