Desertificación: “Luz Verde para la Región Sur”

Desde el año 2014, estudiantes y docentes de la Tecnicatura en Viveros de la Sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) trabajan para mitigar el fenómeno de la Desertificación en la Región Sur de la provincia de Río Negro.

Esta iniciativa surgió con el Proyecto “Más árboles para los pobladores de la Línea Sur” coordinado por la ingeniera Silvana Alzogaray, y continúa vigente a través del Programa “Luz Verde para la Región Sur”, bajo la dirección del técnico Santiago Naón.

En esta entrevista, el docente investigador de la UNRN explica de qué se trata este Programa de Extensión, qué implica y cuál es su impacto en la región.

¿Qué características tienen los suelos y el clima de la Región Sur rionegrina?

La característica más general de los suelos es su textura arenosa, con escasa materia orgánica, producto de la poca cobertura vegetal que presentan, y susceptibles a la erosión eólica e hídrica.

Dependiendo de su ubicación en el paisaje, pueden tener un horizonte subsuperficial impermeable o de baja permeabilidad, en los que precipitaciones intensas arrastran sedimentos. También, en mallines degradados y áreas bajas o deprimidas, suelen mostrar abundancia de sales que reducen la disponibilidad de nutrientes para las plantas.

El clima, como los suelos, es heterogéneo dada la gran extensión del área, pero en general es árido o semiárido, con escasas precipitaciones que pueden ser variar entre 100 y 400 mm según el año y la localidad, con gran amplitud térmica, de inviernos fríos con mínimas de hasta 30°C bajo cero, y veranos cálidos con máximas que superan los 35°C.

En cualquier caso, son condiciones ambientales extremas que dificultan el desarrollo de las plantas, en mayor o menor medida de acuerdo a las condiciones particulares de cada lugar.

 

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¿Qué es la desertificación y cuáles son sus consecuencias?

 

La desertificación es un proceso de degradación del medioambiente, en el que el suelo de ecosistemas áridos y semiáridos pierde su capacidad de regeneración, en casos extremos produciendo un medio incapaz de proveer servicios a las comunidades que lo habitan. Puede significar la pérdida parcial o total de la productividad de los suelos, restringiendo la capacidad de sustentabilidad, por ejemplo la cría de ganado, reduciendo las fuentes de ingreso y deteriorando la calidad de vida de la población. Según Naciones Unidas, este proceso constituye el principal problema medioambiental a escala mundial.

En la Región Sur de la Provincia de Río Negro, donde naturalmente existe poca vegetación en un equilibrio frágil con el clima, la extracción de leña y el sobre-pastoreo al que fueron sometidos los campos durante los últimos 100 años, han desencadenado o agravado el proceso de desertificación que enfrenta la estepa patagónica.

 

¿De qué manera puede contribuir la plantación de árboles a mejorar las condiciones de vida de las personas?

 

Por un lado, reduciría la presión extractiva sobre los ecosistemas, como productores de leña. Los pobladores se ven obligados a recorrer distancias cada vez más largas para hacerse de ese recurso, muchas veces debiendo extraer las plantas de raíz para calefaccionarse y cocinar, lo que va reduciendo la capacidad del medioambiente de recuperarse.

Tanto o más importantes que sus funciones como proveedores de leña y madera, son los beneficios sociales y ambientales que aportan, porque:

-proveen sombra en verano, inestimable para las personas y sus animales, en zonas donde suele escasear;

-sirven de reparo para las casas y los cultivos, en una región en general afectada por la presencia de fuertes vientos;

-proveen de refugio para animales, principalmente aves e insectos, aumentando la biodiversidad.

Además del valor de los árboles como individuos, a escala urbana se debe considerar la relevancia de los árboles como comunidad vegetal, y valorizar sus servicios ambientales, sociales, ecológicos y paisajísticos.

El arbolado público urbano contribuye a la salud de las personas, haciendo más habitables y confortables las ciudades porque mejora la calidad ambiental, embellece el paisaje, crea lugares de esparcimiento y socialización, y contacto con la naturaleza.

Los espacios públicos, como plazas y parques, si están arbolados son mucho más eficientes y receptivos como lugares de encuentro para los vecinos, donde juntarse a tomar mate a la sombra de los árboles, pasear a los más chicos, practicar deportes, y desarrollar actividades culturales diversas en un ambiente fresco y agradable.

 

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¿Cuál fue el impacto en la región de los proyectos “Más árboles para los pobladores de la Línea Sur” y “Luz Verde para la Región Sur”?

 

Los Proyectos de Extensión que desarrollamos desde la Tecnicatura en Viveros de la Sede Andina desde el año 2014, buscaron en principio potenciar el trabajo de producción y plantación que realizan los viveros que dirige el Ente para la Promoción y el Desarrollo de la Línea y Región Sur, bajo la dirección técnica del Técnico Abdel Nasif.

Para eso, se enviaron casi 6000 árboles de especies exóticas invasoras, en su mayoría serbales -Sorbus aucuparia- (serbal de los cazadores), que se extrajeron del Parque  Municipal Llao llao en Bariloche, donde suponen un problema ecológico –invasión biológica-, para su viverización y cultivo en los 10 viveros que están bajo esa órbita.

El resultado fue mejor de lo esperado, aliviando la carga de plantas exóticas en un área protegida de Bosque nativo, y pudiendo adaptar a los serbales a las condiciones más adversas de la Región Sur, donde constituyen un valioso recurso ornamental, económico y ambiental.

Se vienen realizando en estos años actividades muy diversas, que incluyen plantaciones en espacios públicos como plazas, veredas y escuelas, capacitaciones en técnicas de manejo de plantas y compostaje para el personal de los viveros, colaboración en tareas específicas de viverocharlas en escuelas con docentes y estudiantes de escuelas primarias y secundarias. Este año, desarrollamos actividades conjuntas con estudiantes y docentes de la Escuela Agrotécnica CET N°26 de Ing. Jacobacci, de intercambio de información entre los alumnos de 4° año y estudiantes de la Tecnicatura en Viveros, y de plantación de árboles, arbustos y herbáceas en espacios públicos de la ciudad.

Para su realización contamos siempre con el apoyo de viveristas, pobladores, comisionados de fomento, intendentes y directivos de escuelas, en las localidades de Ingeniero Jacobacci, Río Chico, Comallo, El Cuy, Laguna Blanca, Ojo de agua, Mamuel Choique, Los Menucos, Aguada de Guerra, Sierra Colorada, Ramos Mexía, Los Berros, Pilquiniyeu del Limay, Yuquiche -seguro me olvido alguno-, pero lo cierto es que hemos recorrido gran parte de la región con el grupo extensionista, consiguiendo aumentar efectivamente la cantidad de árboles plantados.

 

En ese marco, ¿qué experiencia o anécdota te gustaría destacar?

 

La enorme generosidad y hospitalidad con la que los viveristas, pobladores y autoridades nos recibieron en cada una de las localidades, haciendo que el grupo extensionista se sienta local en toda la región. Eso hizo desarrollar en los estudiantes que participan de las actividades de Extensión un sentido de pertenencia impensado, y lo transformó en un equipo sólido y comprometido, consciente de la importancia y el valor de la extensión universitaria como herramienta para la búsqueda de soluciones compartidas a los problemas sociales y ambientales que afectan a la Región Sur.

 

¿Cuáles fueron los principales desafíos y cómo se superaron?

 

Uno de los más importantes fue la gran diferencia en las condiciones ambientales en los que se desarrolla la producción de plantas. En Bariloche, donde los estudiantes hacen toda su trayectoria académica, los suelos son generosos, el agua es abundante, y el clima es en general benigno. En el resto de la provincia, particularmente en el área de influencia de la mayoría de las acciones del Programa, las condiciones son muy adversas al desarrollo de las plantas. Esa diferencia hace que la experiencia extensionista sea fundamental para la formación de profesionales creativos y comprometidos con las muy diferentes problemáticas de la producción en viveros en el resto de la provincia de Río Negro.

 

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¿Cómo surge “Luz Verde para la Región Sur”?

 

Esta iniciativa surge de la carrera Tecnicatura en Viveros que se dicta en Bariloche, a partir de salidas de campo con estudiantes y docentes de la Asignatura Viveros I, en las que conocimos el Vivero Municipal de Ingeniero Jacobacci y sus metodologías de producción; esas visitas resultaron ser muy elocuentes, y plantearon algunos interrogantes a partir de los cuales surgió la necesidad de proponer actividades de Extensión en la Región Sur.

La intención de Luz Verde es capitalizar esta experiencia, la del área de Extensión de la Sede Andina, y los conocimientos del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD) de la UNRN, para articular proyectos de Extensión e Investigación con antecedentes de trabajo en el territorio.

Luz Verde pretende ser un Programa que acompañe a las instituciones que están presentes en la Región Sur en la búsqueda y construcción de soluciones compartidas, que contribuyan a mitigar la desertificación y a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

¿Qué implica que este proyecto se convierta en programa?

 

Un reconocimiento al trabajo realizado, a la solidez del grupo extensionista conformado desde la Tecnicatura, y la decisión de sostener la presencia de la Universidad en la provincia como factor de transformación social. Demuestra que la Universidad cree en la Extensión como herramienta para la formación de profesionales con una sólida formación, e involucrados en la resolución de los problemas regionales.

También implica un desafío que nos obliga a proponer formas diferentes de intervenir, a ser permeables a otros enfoques en la búsqueda de alternativas de solución a problemas que son complejos; y a la búsqueda de la necesaria articulación con otros actores con los que compartimos el estar en la misma región pero con abordajes disciplinares muy diversos, y por eso con capacidad para enfocar los mismos problemas desde puntos de vista muy diferentes.

 

¿En qué etapa se encuentra la implementación de “Luz Verde para la Región Sur”?

 

En etapa de cierre y evaluación de las acciones realizadas en este 2018 en las localidades de Bariloche, Ing. Jacobacci, Río Chico y Yuquiche, revisando lo que se hizo bien y lo que podría hacerse mejor en el futuro a partir de la experiencia adquirida en cada actividad. En la primera mitad del año próximo planeamos continuar con la extracción de exóticas en el Parque Municipal Llaollao, el diseño de un sistema de riego para la Plaza de Río Chico, el fortalecimiento del vínculo con la Escuela Agrotécnica CET N°26 de Ing. Jacobacci, en Pilcaniyeu, el relevamiento de las limitaciones productivas del Vivero Municipal, particularmente en cuanto al abastecimiento del agua, y de las necesidades de la Escuela a partir del contacto con uno de sus profesores.

Estamos incorporando algunos instrumentos y herramientas para la mejor gestión del Programa, con la colaboración de la Jefa de Programas y Proyectos del área de Extensión de la Sede, la Lic. Verónica Eckert, que nos permitan planificar mejor las acciones en el territorio en los años 2019, 2020 y 2021.

La idea es poder crecer como equipo, alentando la permanencia de los extensionistas durante su trayectoria académica e incorporando nuevos estudiantes, y seguir adquiriendo habilidades a partir del trabajo realizado, que nos permitan desarrollar cada vez mejores acciones e intervenciones.

Además contamos con el acompañamiento del CPCA –Centro de Producción de Contenidos Audiovisuales- de la UNRN para el registro audiovisual y la producción de material de difusión; la intención es hacer micros de 2 o 3 minutos para mostrar lo que hacemos durante el año, y al final un corto documental del recorrido del Programa.

 

¿Cuál se estima que será el aporte o el impacto de este programa?

 

Contribuir a la concientización respecto del impacto de las actividades humanas sobre los ecosistemas, para mal y para bien. Las personas de este planeta hemos demostrado que podemos intervenir en el paisaje y modificarlo. A través del desmonte, la agricultura, la ganadería, y la urbanización, modificamos de manera extraordinaria gran parte del planeta, transformando los ecosistemas en agroecosistemas o en ecosistemas urbanos, muchas veces terminando por volverlos desiertos o incapaces de proveer a sus habitantes.

Si disponemos de esa capacidad, podemos usarla para pensar y actuar deliberadamente en acciones tendientes a la construcción de otra forma de habitar la Tierra, y a la posibilidad cierta de que haya más árboles y más plantas, para la conservación de los suelos que quedan, y la recuperación de los que se han perdido.

 

¿Qué significa para vos la extensión universitaria?

 

Entre otras cosas, la posibilidad de observar que en este espacio se encuentran personas muy diversas, con edades y búsquedas diferentes, pero con algunos rasgos que son comunes a todos ellos, como el amor por las plantas, y las ganas de actuar para aportar de manera positiva en la construcción de soluciones colectivas a problemas ambientales y sociales.

Es también una poderosa herramienta pedagógica y motivacional, para la cual el aula tradicional es insuficiente; cuando los estudiantes participan de estas actividades, muestran habilidades personales que no se expresan con la misma fuerza dentro de cuatro paredes y de manera individual, y en la acción colectiva sus virtudes se potencian.

 

Para contribuir desde nuestros hogares, ¿cuáles son los aspectos básicos a tener en cuenta al momento de plantar un árbol?

 

Es fundamental para decidir plantar un árbol evaluar el espacio disponible, sus condiciones de sol y luz, exposición al viento, humedad y calidad del suelo, régimen de lluvias, y si existe la posibilidad de regar o no.

También es necesario tener el lugar suficiente para permitir la libre expresión del ejemplar, de manera de evitar tener que podarlo en el futuro, por el daño que implica a la salud de las plantas. Un árbol con su forma libre es el mejor que podemos desear, por su salud, belleza y longevidad.

Recién entonces, y no antes, elegiremos mejor el árbol adecuado para ese lugar, considerando su máximo desarrollo: no deberíamos plantar un árbol que puede llegar a medir 50 m de altura, en un patio pequeño; su escala en relación a la vivienda en la que va a ser implantado es importante.

Además, considerar según su emplazamiento en relación a la casa, si será de follaje persistente o caedizo: al norte, conviene plantar los de follaje caedizo, para que en invierno permitan el paso de los rayos del sol, y en verano provean de sombra; de donde vengan los vientos más fuertes y permanentes, los de follaje persistente, para proteger el jardín y la vivienda.

Una vez elegido, es deseable cavar un hoyo de plantación generoso, amplio y profundo al que agregar compost, o alguna enmienda que provea materia orgánica necesaria para el mejor establecimiento del ejemplar.

Se puede llenar el hoyo con agua a modo de una pileta, sobre la que dispone la planta para asegurar su correcta hidratación, se tapa con la tierra y la enmienda bien mezcladas a medida que drena el agua, e inmediatamente después de plantar, se debe volver a regar abundantemente; y garantizar el riego durante todo el verano al menos dos veces por semana, durante los primeros tres años.

 

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