Cien años no son nada

Con brazos desgastados por el viento, mirada caída por los inviernos, pero con increíble memoria, inigualable e indescifrable para volver a mencionar más de un centenar de anécdotas de uno de los pocos pioneros de la localidad de Comallo.

El pasado sábado, don Fernando cumplió un siglo de vida y lo festejó rodeado por sus afectos.

 

Don Fernando Del Castillo-1

Nacido en Piedra del Águila, Neuquén, desde muy chico sus padres se trasladaron a Chubut y desde ahí a Paso del Limay, cerca de Comallo. Allí vivió su juventud. En esta región se dedicó a las tareas rurales a la par de sus padres, Pedro y Rosa. Años después cuando se vendieron esas tierras a los actuales dueños de la estancia Paso del Limay,  tuvieron que radicarse en la zona de Comallo Arriba,  a 4 kilómetros al oeste de la localidad. Allí conoce, don Fernando conoce a quien fue su pareja,  Orfelia Pilquiman, quien falleció hace 12 años. Tuvieron 9 hijos, Alonso, Nilda, Isabel, Alfredo, Esther, Elisa, Marcelina, Rosa y Olga.

Un puñado de vivencias describe don Fernando quien recuerda haber trabajado en la estancia Pilca Viejo de playero y esquilador, además que por esos tiempos se ganaba 50 centavos por días o 15 pesos mensuales. Resalta sus viajes a la zona del Alto Valle con carros tirado por bueyes o mulas, los que duraban más de dos meses para llegar a destino con arreos o transportando lana. “Se trabajaba todo el día, solo se paraba para comer y dormir” recuerda con Fernando.

Como esquilador a tijera en un buen día sacaba entre 30 o 40 por días, ya para cuando llego la maquina  esquilaba más de cien ovejas. Don Fernando cambia su tono de voz para describir  su fanatismo por los caballos. Entonces menciona con orgullo haber sido domador y aconseja como se debe tratar un animal.  Se acuerda de salir por las tardecitas a bolear potros y maldice la vez que un lazo le apretó su mano izquierda dejándole una gran cicatriz e inmóvil por varios meses.

En la zona de Comallo Arriba, donde actualmente vive, don Fernando supo trabajar la tierra junto a sus hijos. Sembró alfalfa y más tarde comenzó a trabajó en hornos de ladrillos con lo que mantuvo a su familia. En encuentros de fondas y bares don Fernando nos recuerda que fumaba, tomaba y alguna vez también se cruzó en alguna riña lugares donde se realizaban bailes con acordeón, guitarra y fonógrafos.

Hoy más de cuatro generaciones de los Del Castillo se encuentran reunidas a las orillas del arroyo Comallo a lo largo del gran valle que muy bien describe don Fernando  “fue bien verde alguna vez y se vivían esquemas diferentes de vida”.

Cien años en la humanidad reúnen esa magia que solo pocos quizás podamos disfrutar, pero en el atardecer, marcara una postal de alguien que transito los caminos atravesando inviernos y veranos y sigue disfrutan de su buena salud.

Que te ha generado esta noticia?
  • Me Gusta (0%)
  • Me Interesa (0%)
  • No me Gusta (0%)
  • Me Aburre (0%)
  • Me Enoja (0%)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.