CHAU PESO CHAU, LE DICE EL DÓLAR por Jorge Castañeda

A pesar de nacer en los EEUU vive latente en varios países del mundo y muchas veces medra en las cuevas más variopintas. Pocos saben que el origen  de su nombre viene de una antigua unidad de moneda alemana.  Si alguien lo adora en demasía es un codicioso. Como es una moneda fuerte en él se cumple el famoso adagio de Francisco de Quevedo y Villegas: “Poderoso caballero es don dinero”. En la Argentina tiene muchos seguidores y los pobres billetes locales se devalúan en forma constante.

Nuestro mayor escritor, Jorge Luis Borges, dijo de ellos que: “son esos imprudentes billetes americanos  que tienen diverso valor y el mismo tamaño”. Mejor definición imposible.

Con más ingenio Audrey Hepburn expresó que “cualquier caballero le daría 50 dólares a una muchacha para el tocador. Y yo siempre pido 50 dólares más para el taxi”.

A algunas personas muy amantes de la divisa norteamericana que haría cualquier cosa por multiplicarlos se les llama “dolarín”, frase célebre de la película “Taxi Driver”.

A pesar de que también se lo apoda pavo, de ninguna manera lo es; los pavos son los que de él dependen y que para obtenerlos empeñan hasta su alma como el Doctor Fausto, empobreciendo a toda la gente a su alrededor.

Clint Eastwood, desconfiado siempre, supo hacer un culto de “un dólar marcado”. Otros se empeñan en cambiar las vocales jugando entre dólar y dolor y muy descaminados no están. Ya lo dijo Clint: “por un puñado de dólares…”

Por un dólar, canta Copani, yo soy capaz de cualquier cosa/ no hay un remedio que me ponga mejor/ ni la aspirina con azúcar y soda/ ni las caricias ni las frases de amor”.

Muchos políticos argentinos con sus frases alusivas al dólar quedaron para la historia.

José Luis Machinea expresó que “si el mercado quiere dólares, le vamos a dar con el látigo”. Valiente el hombre.

El General Perón ingenioso siempre dijo que “los argentinos no comemos dólares”. Pero algunos tienen tanta gula…

Juan Carlos Pugliese ante la devaluación del peso frente al dólar muy decepcionado se quejó que “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Es que también Perón ya había advertido que “la víscera más sensible justamente es el bolsillo”, axioma inapelable del ser humano.

Domingo Cavallo, de triste memoria, supo sostener “que el peso vale lo mismo que el dólar”. Como se vio la mentira tiene las patitas cortas.

De la Rúa sentenció que “queda claro que aquí no hay devaluación, se mantiene la convertibilidad y la paridad peso dólar. Se ha derrotado a la especulación”. Así le fue.

El sentencioso Duhalde acuñó una frase para la historia: “El que deposita dólares, recibirá dólares”. ¡Qué generoso!!

Lorenzo Sigaut, más energico, supo advertir que “el que apuesta al dólar pierde”. ¿Y los pobres diablos que tienen pesos, ganaron alguna vez?

Cristina Fernández dijo en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires que “hay que convencer a los argentinos a no apostar al dólar, sino a las empresas radicadas en el país”. Menudo trabajo.

El actual presidente, Mauricio Macri, aseveró que “el dólar flota, sube y baja. El dólar no me preocupa. Que los argentinos no se preocupen por el dólar”. Claro, hay cosas muchos más urgentes para preocuparse: los bajos salarios, las facturas de servicios, los precios…

Como consuelo, Mauricio, ante la devaluación dijo que “no pasa nada, tranquilos”. Y los argentinos más tranquilos que agua de estanque, a pesar que a estanque revuelto, ganancia de pescadores.

En su poema Padre Nuestro dice Mario Benedetti que: “Ahora es la hora de saber quiénes somos/  y han de cruzar el río/ el dólar y su amor contra reembolso/ Arráncanos Padre Nuestro/ del alma el último mendigo/ y líbrenos de todo mal de conciencia. Amén”. Será verdad: “El que a dólar mata, a dólar muere”.

 

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